La 1.ª Bienal Climática anuncia sus fechas y título: Ensayar lo inesperado

La Bienal Climática: arte, industria y territorio celebrará su primera edición del 12 de junio al 20 de septiembre de 2026 en Avilés, Asturias, bajo el título Ensayar lo inesperado. Este nombre refleja la filosofía de la bienal: explorar los momentos de transición y cambio donde lo que parecía estable deja de serlo, y el futuro aún no se puede definir con claridad.
La directora artística, Amanda Masha Caminals, explica: “Ensayar lo inesperado propone aceptar la incertidumbre como terreno de acción, sin resignarse a esperar la catástrofe. La Bienal concibe el arte como guía de paso, capaz de abrir preguntas, señalar fricciones y proponer modos sensibles de orientarse en escenarios donde no existen mapas definitivos”.
Durante más de tres meses, Avilés se transformará en un escenario abierto a exposiciones, encuentros, talleres y acciones performativas que conectan arte, industria y territorio. La primera edición se desplegará en 8 espacios expositivos, confirmados hasta la fecha, y otros espacios públicos, incluyendo proyectos de arquitectura participativa, programas educativos y actividades comunitarias, invitando a experimentar nuevas formas de convivencia y cuidado frente a los retos ambientales y sociales.
Texto curatorial y conceptualización del título de la 1.ª edición
Ensayar lo inesperado
Las sociedades no cambian siguiendo trayectorias claras o recorridos únicos. Las transformaciones profundas —ecológicas, sociales, tecnológicas, culturales— se viven más bien como el cruce de umbrales: momentos de inestabilidad en los que lo que parecía sostener el mundo deja de hacerlo y lo que vendrá aún no puede formularse con nitidez. Habitamos un tiempo de transiciones múltiples, donde el clima no remite sólo a la atmósfera y a sus alteraciones físicas, sino también al clima social que respiramos: las formas de convivencia, de conflicto, de cuidado y de imaginación colectiva que atraviesan nuestras vidas. No habitamos un solo clima, sino muchos climas superpuestos: ambientales, sociales, políticos, afectivos y espirituales, que nos atraviesan y nos transforman.
Desde tiempos ancestrales, el arte ha acompañado este tipo de momentos. Mucho antes de convertirse en disciplina o institución, ha sido y es una de las prácticas humanas fundamentales para atravesar el cambio: rituales, imágenes, relatos y gestos que han ayudado a múltiples y diversas comunidades a reorganizar su relación con el territorio, con el tiempo, con lo desconocido. En civilizaciones antiguas y saberes vernáculos contemporáneos, las prácticas artísticas se vinculan a los ciclos climáticos o a la construcción de vínculos entre lo humano y lo no humano. En todos estos contextos y a través de los siglos, el arte no ha ofrecido soluciones técnicas o respuestas nítidas, pero sí orientación difusa.
La Bienal Climática concibe el arte como una práctica de acompañamiento en la que las y los artistas operan como guías de paso, capaces de abrir preguntas, señalar fricciones, mostrar lo oculto o proponer modos sensibles de orientarse en escenarios donde no existen mapas definitivos. Frente a un relato dominante que insiste en el agotamiento social y el colapso ambiental como lo esperado, la Bienal Climática apunta, a través del arte, hacia una energía contraria: modos de pensar y hacer que ensayan presentes más justos y habitables.
Bajo el título Ensayar lo inesperado, la primera edición de la Bienal Climática señala la posibilidad de crear espacios de encuentro, escucha y experimentación a través del arte, capaces de sobreponerse a la urgencia ambiental o la polarización. “Ensayar” se plantea aquí como un aprendizaje compartido, un gesto que se despliega en acción y en diálogo con otros. “Lo inesperado” abre un campo de posibilidades: prácticas, imaginarios y modos de vida que surgen del presente y proyectan nuevas formas de habitar juntas/os el mundo. Ensayar lo inesperado propone aceptar la incertidumbre como terreno de acción, sin resignarse a esperar la catástrofe.
En su primera edición, este ensayo de lo inesperado se despliega de forma situada en Avilés y en distintos enclaves rurales de Asturias. Un territorio atravesado por una intensa historia minera e industrial, por procesos de reconversión y descarbonización aún abiertos, y por ámbitos rurales que sostienen otros modos de relación con la tierra. La aproximación al contexto se ha construido de forma colectiva desde la escucha y el diálogo, a través de herramientas como una cartografía crítica elaborada por la artista Elisa Cuesta o de procesos de mediación cultural con organizaciones locales guiada por la investigadora comisarial Zoe López y del propio proceso creativo de distintas artistas, acompañado por esta dirección artística y las investigadoras comisariales Carla Jaria y Elena Mataix. Desde este enfoque, la bienal no se entiende como un dispositivo que impone un relato o un nuevo proyecto, sino como un medio reactivo que acompaña y amplifica lo que ya está en marcha.
A partir de estos ejercicios de aproximación al contexto local y de atención al momento global, Ensayar lo inesperado presenta exposiciones distribuidas en 11 sedes confirmadas de Avilés y su entorno, y un programa público que activa diversos espacios del territorio. Además, propone otras líneas de trabajo que amplían su alcance: la reconversión de equipamientos públicos a través de proyectos de arquitectura participativa, el acompañamiento a prácticas comunitarias en el ámbito rural con la investigación En Colectivo y experimentos de arte+educación.
Con esta diversidad de líneas de trabajo, Ensayar lo inesperado pretende ampliar el alcance temporal del formato bienal. El trabajo con las y los artistas se ha desplegado en distintas temporalidades que exceden el marco del evento. En un compromiso con la práctica y experimentación artística, la bienal lanza un programa de producción ACTS (arte, ciencia, tecnología y sociedad). Se vincula también con la Colección Estatal de Arte y Clima con la incorporación de obras de la bienal al acervo. Además, incorpora adaptaciones de proyectos en marcha o procesos de creación en estados muy iniciales y cuyo desarrollo excederá la clausura de la primera edición de la bienal.
Ensayar lo inesperado propone así un ejercicio de “andar en constelación” que no se ciñe a un tiempo y rumbo únicos, atendiendo a las relaciones que nos sostienen y a los saberes que emergen en el tránsito. Las constelaciones no señalan un destino final: permiten orientarse mientras se avanza, manteniendo vivos los vínculos entre cuerpos, territorios, prácticas y tiempos diversos.
A través de estas constelaciones expositivas, de programas públicos, educativos o de transformación de equipamientos públicos, la Ensayar lo inesperado reúne a más de cuarenta artistas y colectivos, cuyas obras se despliegan en contextos urbanos, periurbanos y rurales en tres ejes temáticos: Estación Meteo, Industrias Presentes y Duelos y Júbilos. De un lado, Estación Meteo propone nuevas formas de observar, interpretar y comunicar lo atmosférico en un contexto de emergencia ambiental. Los proyectos de la Estación Meteo surgen de residencias artísticas desarrolladas en diálogo con la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) y otros organismos científicos. De otro, Industrias Presentes indaga en el legado y futuros posibles de la mayor actividad humana hacedora de clima a nivel global, la industria. Distribuida entre espacios vinculados a la historia minera, industrial y productiva de Avilés, Industrias Presentes reúne prácticas artísticas que examinan los imaginarios de progreso, transición energética y sostenibilidad, así como sus tensiones materiales, sociales y simbólicas. Por último, Duelos y júbilos se refiere a lo que nos sustenta física y espiritualmente, a la dimensión afectiva y sensible de las transiciones: aquello que se pierde, lo que duele, pero también lo que se celebra y se imagina colectivamente.
Este conjunto diverso de prácticas —locales e internacionales, individuales y colectivas— y temas no proponen un relato único sobre el clima ambiental y social, sino un campo de relaciones donde arte, territorio y comunidad se entrelazan. La Bienal Climática se formula así como un espacio para ensayar otras formas de atención, convivencia y cuidado, entendiendo las transiciones no como un horizonte cerrado, sino como un proceso compartido que se construye en común.
Amanda Masha Caminals
Directora Artística, Bienal Climática: arte, industria y territorio



